la aleatoriedad es un signo de las cavilaciones incontrolables que se suscitan con fluida perversión en los espacios cognitivos, en el devenir de las ideas que devienen en palabras, o en una materialidad que prescindir puede de esos raros signos que en acompasados fonemas dotan de un marco a ese derrotero tipo cascada.
El espacio para las preguntas retóricas del talante de "qué pasa con tal cosa", nos conduce a alcantarillas del sentido, a limitaciones, a lecturas prematuras y a un acercamiento popperiano, del tipo de la verosimilitud que no estoy dispuesto a hacer, porque no quiero ser tildado de derechoso por la dirección sutil que toman ciertas ideas. La preferencia germinal es la capitulación de todo esquema de contención y he ahí la emergencia de otra trampa inectulable. La porfiada sensación que confiere este cofre inacabable de posibilidades, tejidas por alternativas que luego se dliuyen en el entretejido gomoso de la praxis y se entremezcla con los argumentos. Se hace inasible, inagarrable y parece un trozo de filosofía, porque tiene caracteres que remontan a las vaporosas ideas de los idealistas, a esas imágenes esteoreotipadas de europeos barbudos cuestionando con altanería altivez, con el gesto adusto el acontecer de la maraña embarrada de la cotidianidad forzada y ocre de las mediocres páginas de lo que hay menos acá (que es la versión atea del más allá)y que se vincula con la polvareda de los piojos y nimiedades de la rutina y de los procesos y los decesos y toda abarrotada epifanía o epitafio de grasas epiteliales que esconden la vulgaridad de un ojete (y no precisamente esa resina que desprende cierto árbol en un español mexicanizado).
Pues bien, la pretensión de escribir estas páginas de presumida hacienda, sin tener el forraja, la alfalfa y la siembra activa; ni mucho menos posar con la quintaesencia de la virilidad del hegemon patriarcal: el toro son su bolsa de escroto contundente como la msculatura de un gobernador austríaco y vigoréxico que comanda un Estado dentro de un conjunto de Estados que se presumen Unidos.De esa unión de los Estados Unidos descreo profundamente. También cuento con la ventaja de escribir en una primera persona que me hilvana con los hilos helados e hilarantes de una patraña que preanunció el viejo weber en su crónica sobre la ética Protestante. Esa misma invención que se posa oronda con el ademán de invencible, cual armada vencida por su propio autoconvencimiento. En fin , desplegando menos enredaderas narcisistas que tan sólo todos entendemos, la contradicción gira y perura movimiento. Galileo se dispuso cuestioanar el paradigma en su acepción Kuhniana. Recuerden que a pesar de la escritura caótica en puntuaciones, debo respetar una premisa infaltable en todo escrito pasibe de escudriñar la pomarola de las mortalelas helénicas en la consonancia de la arquidiocesana irrupción flagrante: es decir debo contar con ciertos clichés, lugares comunes y paparruchadas de la radarización de un canon establecido por una empresa japonesa de fotografía que tuvo que reconfigurar su mercadotecnia, en virtud del cambio de papel foto utilizando procesos de oxidación a la infamia despechada de la siliconización del silicon valley , o sea la versión mujer objeto de la fotografía que se modernizó para no bandear y seguir explotando empleados fabriles e incrementar las estadísticas ocultas de cáncer por manipulación de dispositivos llenos de plomo en las maquiladoras mexicanas y todas esas cositas que son fetiches tecnológicos de pequeños y altos y medianos burgueses, que no precisamente viven en burgos, sino más bien que se atrofian la sensibilidad de la vida en carpa y la pesca con mosca por tener la sposesión escriturada por un parasitario embrión de la estructura jurídica del capitalismo: o sea esos personajes que son la argamasa, el lubricante que aceita (odio ese vacío del lenguaje que nos lleva a la redundancia y a la utilización de sinónimos que son mellizos de palabras pero que como todo mellizo, son parecidos pero no tienen las mismas huellas digitales).
Es, el lubricante, o sea ese líquido que deja las cositas re piolas para que cuando abrís un candado (lectores no adecuados a la gramática argentina que revela nuestro carácter taxativamente imperativo en las formas, en referencia al uso del pretérito perfecto simple en lugar del pretérito perfecto del indicativo).
Estos paréntesis desorientadores para el afable e hipervinculado lector, que seguramente desistió de continuar con este desquicio y se abrió la última playboy o está viendo una sombrilla con pefume a cerezas en mercado libre(libre para cobrarte y venderte, si sos mendigo ciruja o excluido nunca vas a obtener esta libertad esclavizante de consumir objetos como se consume la cera de una vela o el hígado de borracho, o el higado de un cerdo que fue faenado para que algún estudiante trasnochado unte sus galletas de agua con paté de fois)
No hay comentarios:
Publicar un comentario